jueves, 3 de enero de 2008

De Paiporta al desierto






El Ateneo de la localidad de l'Horta se llena de aficionados para desear suerte a Rafa Císcar en la partida hacia su sexto Dakar

LOURDES MARTÍ
PAIPORTA


Ahora nos toca sufrir durante casi un mes" decía, con los ojos vidriosos, el padre de Rafa Císcar minutos antes de que su hijo partiera hacia Portugal, desde donde iniciará su travesía en el Dakar.
Se ha convertido ya en una tradición. Rafa Císcar convoca a sus amigos y familiares más allegados a un almuerzo de despedida en el Ateneo Musical de Paiporta, su localidad natal, antes de partir hacia el desierto. Alrededor de 20 personas acudieron a la cita de este año. "Va de bo", le decían al piloto. Los familiares y amigos de Rafa saben qué hacer para saber de él: "A partir de ahora tendremos que estar pegados a internet", esta será una de las formas de la que podrán tener noticias del piloto, otra será a través de LAS PROVINCIAS, donde Rafa relatará en primera persona todas sus vivencias en la carrera. "
Ha llegado el momento de estar pegados al teléfono para ver si llama y saber algo de él", decía, muy emocionada, la madre del piloto, porque, aunque es la sexta vez que Rafa participa en el Dakar, tal y como declaró un familiar del piloto, "nunca vamos a estar tranquilos, aunque lleve 20 años seguidos corriendo".
Pero no sólo sus amigos le desean lo mejor, sus vecinos y conocidos también se le acercan para mostrarle su apoyo. Císcar se ha convertido en el ídolo local. "La gente me conoce de tanto hacer el salvaje por el barranco de aquí y ahora que me voy me muestran todo su cariño. Estoy muy agradecido a todos, estas cosas te hacen coger más fuerzas", explicaba Rafa. El piloto, sin darse cuenta, ha creado afición en su localidad. A su despedida acudieron amigos con chaquetas del Dakar y niños con camisetas de la prueba. Generaciones que, quién sabe, podrían participar dentro de algunos años en la carrera. Los pequeños, aunque no saben muy bien qué significa esto del Dakar, daban consejos al piloto valenciano: "¿Te llevas el casco?", le decía Jordi, un amigo de la familia, que no cuenta con más de cuatro años.
El objetivo es cruzar la meta
A primera vista, el piloto aparentemente relajado, comentaba animadamente anécdotas. Sonreía, parecía distendido y muy tranquilo, pero la realidad era otra: "Ha sido una noche dura. He dormido poquito, siempre me pasa igual. Es la sexta vez que voy a ir al Dakar pero aquello es una aventura", manifestaba. A medida que hablaba, a Císcar le iba embargando la emoción mientras miraba a su alrededor: "Estoy muy orgulloso de mis amigos, y ellos también lo están de mí. El Dakar se ha convertido en un vínculo de unión para la gente que nos gusta esto. Es la ilusión de mi vida y cada vez que participo en él se me cumple un sueño".
Otra amiga, en la despedida, le decía: "A ver si este año ganas", pero Císcar lo tiene claro: "Mira, (pisando fuerte) yo tengo los pies en el suelo. No ganaré, lo más importante es que pueda terminar". La participación en el Dakar es fruto de mucho trabajo y esfuerzo. Para los pilotos no profesionales es muy complicado conseguir todo el apoyo económico necesario para poder participar en esta competición: "Estoy muy orgulloso de la moto, es una Honda y la hemos podido adecuar perfectamente a lo que queríamos. Además, estéticamente es muy bonita". Una moto que pudo admirar todo aquel que pasó por el Ateneo, donde la dejó antes de ponerla en marcha para subirla a la furgoneta que le llevara a Portugal. Císcar no viajó solo al país luso. Junto a él algunos familiares y amigos, también marchó su perra, Duna, a quien aseguró que echará mucho de menos.

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